viernes, 29 de mayo de 2015

"Nunca se rompe un corazón, sino que surge una emoción de tristeza" por Marcus John

¿Cómo te diste cuenta que tenías el corazón roto?
Durante esta última relación, aprendí mucho. Nunca se rompe un corazón, si no que surge una emoción de tristeza, un dolor que nosotros humanos, lo atribuimos al corazón, ya que ha sido un símbolo que nos permite identificar la palabra amor. Pero puedo decir que no sentí el corazón roto, si no que tuve un pensamiento de fracaso o de haber fallado en algo. La relación nos llevó a poder identificar claramente lo que cada uno buscaba, pero aun así continuo el pensamiento de abandono o de decepción. Fue en esos momentos que me di cuenta que la relación estaba perdida, que nada volvería a ser igual, ya que yo al igual que ella, habíamos tomado una decisión definitiva. El corazón jamás se rompe, solo es nuestro ego que juega y nos pone a dudar si en verdad seguimos completos, o acabamos de perder a nuestra mitad que nos complementaba.
Pero eso es imposible, ya que somos seres completos, desde el momento en que nacemos y no hay nada ni nadie, que nos pueda romper verdaderamente el corazón. Somos nosotros, que decidimos identificar al rompimiento de una relación, como un momento de derrota o de fracaso.

¿Cómo se vive con el corazón roto?
Se vive con un nivel mayor de conciencia. Puedo yo ver que lo sucedido en la relación, fue perfecto y no hay nada que pudiera haber ocurrido diferente, dado el conocimiento y experiencia que tenía en esos momentos. La vida se vive más intensamente, ya que son esas experiencia que me permitieron seguir en mi travesía de esta vida, conociéndome mejor, experimentando como una persona que ha podido disfrutar de momentos de alegría y de decepción. La emoción que surge en el momento es la adecuada, ya que somos animales de costumbre y estamos habituados a enfrentar las cosas de manera (errónea) al principio, pero a medida que continúan las experiencias, nos da oportunidad de descubrir, que nunca estamos solos o heridos realmente. Solo es un pensamiento que generamos como sociedad, para darle sentido a lo ocurrido durante la relación humana.
Comienzo a entender que solo duran por un tiempo, nada es permanente, lo único que podemos hacer es ir brincando de una experiencia a la otra, esperando hacerla lo mejor posible, pero no hay nadie que pueda definir esa relación como exitosa, solo nosotros.
La respuesta de cómo se vive con un corazón roto, es sencillo. Se vive con apertura y con un corazón más grande e inteligente.

¿Cómo se cura un corazón roto?
Aprendiendo que no hay nada que nos puede romper el corazón. La sanación viene de una aceptación, de quien somos y hacia dónde vamos. No hay nade que puede juzgar lo hagamos, solo nosotros. Cuando comenzamos a darnos cuenta, que somos los únicos responsables y creadores de lo que hacemos, en ese momento, nuestra autoestima crece y sanamos toda tristeza y malestar de lo ocurrido.

jueves, 28 de mayo de 2015

Cuando sabes que ese enorme sufrimiento va a pasar y te va a enseñar a mejorar, vives con dolor, pero al fin y al cabo haces tu vida normal por anónimo

Bueno, antes de contestar a las preguntas, quizá sea importante comentar que a lo largo de mi vida, he tenido muchas relaciones, unas muy buenas, unas no tantas, por algunas he sentido cosas demasiado profundas, pero puedo decir que solo tres veces me enamorado, dos al punto de pensar pasar el resto de la vida con alguna de ella.

Basado en estas tres relaciones, es que contesto las preguntas.

¿Cómo te diste cuenta que tenías el corazón roto?
- Es una sensación única, que solo he sentido una vez en la vida, hace ya más de 7 años, pero lo recuerdo muy bien. Al momento en que llegué a mi casa después de que me di cuenta que ella me estaba viendo la cara de idiota, recuerdo que lloré como nunca lo había hecho antes, pero dentro de mí, se creó una sensación que solo puedo describir como fuego… pero no ese fuego que viene de la pasión, no. Era un fuego que quemaba, que molestaba; un fuego que se mezclaba con impotencia, con tristeza, con melancolía llevada a su máxima y más molesta expresión. Era el saber que esa persona por la que hubiese dado todo, no quería más estar conmigo, que ella, que era la luz de mi vida, a la que amé más de cuatro años, simplemente no deseaba pasar un día más a mi lado. Creo que lo que más se sentía era una impotencia enorme. Por un lado yo queriendo pasar con ella toda la vida, pero por el otro ella queriendo que me alejara de su vida. ¿Cómo supe que tenía el corazón roto? Cuando me di cuenta que la iba a necesitar toda la vida, pero que toda la vida ella estaría lejos de mí.

¿Cómo se vive con el corazón roto?
- Al terminar la relación en la que me enamoré, pero no tanto como para pensar  en vivir con ella, sufrí demasiado y por mucho tiempo. No sé si tenía miedo de que me volvieran a lastimar, o miedo de no volver a sentir lo mismo. El caso es que por dos años solo pensaba en ella, en porque las cosas no salieron bien. Hacía las cosas de manera cotidiana, casi robótica, pero realmente no sabía a qué me enfrentaba. Un día después de este tiempo, sentí un despertar en el cual mi interior se sentía bien, se sentía listo para seguir y en ese momento me hice la promesa de que nunca más en la vida podía dejarme caer por alguien que simplemente no deseaba estar conmigo. Si bien dolía y creo que es sano tener un duelo, aprendí a no dejar que mi vida se fuera clavando con una relación pasada y terminada.
 Ahora,  ¿Por qué digo esto?, porque esta relación fallida me enseñó a vivir con el corazón roto bajo otras circunstancias. Cuando sabes que ese enorme sufrimiento va a pasar y te va a enseñar a mejorar, vives con dolor, pero al fin y al cabo haces tu vida normal. Sabes que el hacer todo lo que te gusta; salir con tus amigos de fiesta, conocer chicas en diferentes lugares, no negarte a nuevas oportunidades… todo esto te ayuda a sanar. Aprendes que un corazón roto es una experiencia por la que todos tenemos que pasar, y que al final del día nos ayuda a crecer. Un corazón roto no es una enfermedad, es simplemente un estado situacional, y como tal, tiene que pasar.

¿Cómo se cura un corazón roto?
- Pues en mi caso la primera vez fue el tiempo solamente, es decir no hacía nada para salir del hoyo en el que estaba. Es cierto que el tiempo cura las heridas, pero la primera vez no sabía que el proceso puede apresurarse si se quiere y si se lucha por ello. A veces es complicado, pero ser positivo durante el proceso de sanación es bastante bueno, al menos para mí. El pensar que tienes la gran oportunidad de conocer a una chica linda, que te ame y que la ames, la idea de vivir nuevas experiencias, de tener más y mejores sonrisas… todas esas ideas me ayudan cuando hay que seguir.

"Fui atando cabos y por fin entendí" por anónimo

¿Cómo te diste cuenta que tenías el corazón roto?

En mi caso me puse mucha resistencia para ver la realidad, intenté cargar todo el peso de la relación sobre mis hombros para sacarle adelante y al final resultó más doloroso. Una vez que nos separamos, derivado de una pelea más sin sentido, empecé a reflexionar sobre muchos temas que habían causado rencillas y me di cuenta que en su mayoría eran producto del egoísmo y soberbia de mi ex, fui atando cabos y por fin entendí que sus acciones fueron en extremo hirientes e intencionadas. En ese momento la imagen que yo tenía de ella cambió y fue donde mi corazón se rompió.

¿Cómo se vive con el corazón roto?

Es una confluencia de muchas emociones, coraje, tristeza, desconfianza, sorpresa, esperanza. Vives día a día esperando que mágicamente desaparezcan esos sentimientos o que todo se arregle con tu ex, escuchas música, comes algún platillo o pasas por algún lugar y todo te recuerda a ella, sales con tus amigos, te diviertes, pero al final sientes un hueco al no poder haber compartido ese momento fantástico con aquella persona, volteas a ver el teléfono cada vez que llega una alerta, esperando que sea un mensaje suyo.
Al final del día vivir con el corazón roto tampoco es tan malo, ves la vida con otros lentes, que normalmente no te permites usar y si bien es doloroso, también te ayuda a armonizar contigo mismo y te empuja a realizar actividades que te gustan y que habías hecho a un lado por estar con tu ex.

¿Cómo se cura un corazón roto?

En particular, a mí me sirve platicar con mis amigos, mantenerme ocupado durante el día y también creo que es importante afrontar la situación, pensar por qué se dio esa separación y cuáles fueron las acciones o formas de ser de tu ex o tuyas que fueron distanciando a la pareja. En mi caso no suele ser un proceso corto y no me sirve refugiarme en otra pareja. Creo que hay que aprovechar la libertad con que se cuenta en este momento para crecer personalmente, en cualquier ámbito que tengamos apetito. El volver a sentirnos conformes y orgullos de lo que somos, te lleva a volver a ser feliz.

miércoles, 20 de mayo de 2015

"Él ni un "lo siento" pudo decir. Le falto valor" by Berny

Hoy es un día especial, un amigo me pidió que les contara la historia de un corazón roto y la verdad es que no sabía por dónde iniciar. Después de todo el dolor y el sufrimiento, hoy estoy bien, estoy feliz y aun así, se me llenan los ojos de lágrimas mientras escribo estas letras. Al parecer hay heridas que por mucho que las escondas, no sanan tan fácilmente o probablemente nunca sanan, no sé. La decepción es el más extraño de los dolores.

Con una taza de café de por medio conocí a Antonio hace un poco más de 3 años. Mi vida dio un giro completo. Yo me encontraba aún en una relación que iniciaba un proceso de autodestrucción y entonces lo vi. No pude evitar sentir algo que inmediatamente me atrajo a él. No sé si fue su físico, su personalidad o el hecho de que yo ya no sentía lo mismo por mi entonces pareja y quería experimentar. Jamás le di entrada a Antonio más allá de un apretón de manos hasta que terminé completamente mi relación anterior y aun así, esperé un tiempo prudente para iniciar algo nuevo.

Antonio era algo diferente, tenía una seguridad que me atraía, su sonrisa, su mirada… era algo muy especial. Poco a poco esa atracción se convirtió en cariño y después en amor. Los primeros 6 meses de relación fueron algo maravilloso. Nunca había experimentado una sensación de felicidad y de plenitud tan grande. Me sentía lleno, satisfecho, amado. Aun cuando el sexo desde el inicio era muy malo, nunca me importó. Lo amaba y con él a mi lado jamás estaría solo y no necesitaba nada más.

Pasado ese tiempo las cosas cambiaron un poco. De manera muy paulatina y sin darme cuenta los problemas ocultos tras la “supuesta” seguridad de Antonio empezaron a surgir. Me fui dando cuenta que la seguridad que proyectaba solo era una pantalla que cubría su verdadera forma de ser, inseguro, infantil, inmaduro, inestable, dependiente y lo peor, egoísta. Para cuando yo me percaté de todas estas cosas, ya era muy tarde. Estaba tan enamorado que en lugar de salir corriendo mi instinto fue amarlo más.

Logré lo impensable, me enamoré perdidamente de sus defectos. Simplemente no me importaban. Para mí sus defectos lo hacían más hermoso. Estaba completamente cegado por el amor tan grande que le tenía.

Por primera vez en mi vida, me entregué por completo, no podía darle más porque ya hasta mi alma le pertenecía. Le profesaba un amor tan grande que nunca imaginé que pudiera yo sentir algo así por otro ser humano. Nada le negué, en lo sentimental y en lo material también. Yo ganaba mucho más que él, por lo que no me molestaba cubrir los gastos cuando salíamos o llevarlo de viaje. Para mí era una manera más de demostrarle mi cariño.

Para ese entonces ya llevábamos 2 años juntos, y en ese momento donde más amor le profesaba un día sin explicación alguna llegó un “ya no siento lo mismo, debemos separarnos”.

No puedo explicar el dolor tan inmenso que sentí. No hubo explicación más que esa. No hubo excusas ni otros pretextos. Fue frío y tajante. Yo quedé destrozado, no sabía qué hacer. Mi dolor y mi estrés fue tal, que dañé mi salud, al grado que me provoqué alopecia areata en la barba. Así es, hasta la barba se me cayó.

Durante ese mes de separación, fui irreconocible. De ser un hombre fuerte que siempre sabe lo que quiere y que jamás se doblega, me transformé en una persona triste que lo único que hacía era buscarlo, tratando por todos los medios que se volviera a enamorar de mí mendigando su cariño. El único consuelo que tuve fue el cálido abrazo de mi madre.

Después de mucho rogar y rogar, finalmente una tarde lluviosa en Coyoacán decidió regresar conmigo y me dijo que también me amaba. Si existía la felicidad y el paraíso yo lo había sentido en ese momento.

Durante ese año que siguió, la relación se volvió unilateral. Dejamos de ser 2 y nos convertimos en uno. Solo yo. Yo daba, yo buscaba, yo hacía, yo amaba. Yo, lo permití por hacerlo feliz. Él solo veía que tanto podía estirar la relación, que tanto podía sacar y que tanto podía obtener.

Tuvimos intimidad durante ese año solo en 2 ocasiones y aunque motivos y ganas de estar con alguien jamás me faltaron, siempre lo puse por delante, él siempre estaba en mi mente.

Llegó un punto en que mi ceguera por amor fue tan grande que compré un anillo de compromiso. Iba a dar el siguiente paso. Quería estar con él toda la vida. Ya habíamos platicado del tema y se suponía que los 2 estábamos en la misma frecuencia pero la realidad es que no era así.

Lo llevé de viaje a Cancún en enero de este año y allí, con el mar como testigo a la luz de las estrellas se lo pedí y me dijo que sí. Había tocado nuevamente el paraíso. O eso creía yo porque secretamente él estaba ya saliendo con alguien más. Aun no entiendo cómo pudo aceptar si ya salía con otro.

Al regresar al DF un mes después del compromiso resonaron las mismas palabras “ya no siento lo mismo, debemos separarnos”. Esta vez fue con más calma de mi parte, pensé que era miedo al compromiso, algo normal que a muchos les pasa, así que nuevamente accedí.

A los 3 días mis amigos me invitan a cenar y me muestran fotos de Antonio en su FB (me había bloqueado desde la primera separación porque según él las redes sociales dañan la relación, ahora veo que me bloqueó para que yo no viera su traición) con otro tipo. Mi ira fue enorme cuando ví las imágenes y los comentarios. El “nuevo amor” usando cosas que Antonio y yo como pareja habíamos comprado. Obvio ya hasta sexo habían tenido. Las imágenes y los comentarios lo delataban. Antonio usando las mismas frases trilladas que usaba conmigo diciéndoselas a alguien más. Y las fechas de las fotos eran de meses atrás.

Jamás pensó ni un minuto en mí, su egoísmo, el peor de sus defectos salió a flote. Solo pensó en él y no le importo publicar su traición en FB cuando mis amigos y mi familia lo seguían. Me humilló, me usó, me engañó, me mintió y fingió sentimientos falsos dándome ilusiones verdaderas.

Todo mi amor, de la noche a la mañana se convirtió en ira y coraje sin control, hasta que un día me arme de valor y en su cara, en su casa y en su cuarto fui y me desahogué. Jamás le había dicho a alguien tantas verdades y tan fuertes en un solo momento. Al salir, me sentí liberado como si me hubieran quitado un peso de encima. Él ni un “lo siento” pudo decir. Le falto valor. Allí entendí que él nunca fue lo mejor para mí. Vaya resulté ser demasiado hueso para tan poco perro.

Al final del día y a pesar de todo no perdí, al contrario, la vida me quitó a un ser horrible de mi camino, en cambio, él lo perdió todo y lo sabe. Nadie lo va a amar tan profundo, tan puro y tan intenso como yo. Y tan lo sabe que me ha buscado en repetidas ocasiones. Yo simplemente ya no estoy allí para él. Cuando la gente se conforma con carbones no pueden tener diamantes.

Al final seguí el consejo de un buen amigo, perdoné lo que me hizo a él no, para eso está el karma. Di gracias porque aprendí cuanto y que tan grande puedo llegar a amar y sigo mi camino con la frente en alto e indetenible.

Hace unos días con una taza de café de por medio, conocí a alguien especial que sin darse cuenta ha ido pegando los pedacitos de mi corazón con su sonrisa. Es un chaparrito muy lindo y que ha hecho nuevamente latir mi corazón. Por eso nunca niego una taza de café, nunca sabes a que caminos te va llevar. Ahora es momento de construir una nueva historia.

martes, 12 de mayo de 2015

¡La puta vida, estamos a mano! by Enrique

La ansiedad empezó, nuevamente  apoderarse de mí y decidí salir a buscarte. Llovía, vaya cliché, solo necesitaba un abrazo, un abrazo del que había sido mi protector por tanto tiempo y en ese entonces la lluvia era mi coartada perfecta para poder escapar hacia ti.

Llegué  hasta la puerta de tu casa, pero todo está oscuro, llamé a la puerta y vi tu sombra bajar las escaleras y mi corazón empezó a latir como nunca, como si tratara de decirme que estaba en peligro, lo ignoré  y espere ahí mojándome por ese abrazo que lograba tranquilizarme. Abriste la puerta, descalzo, a medio vestir y al verme, tu cara fue de horror, jamás me habías visto de esa manera. Por supuesto me abrazaste, pero mi corazón no se calmó, al contrario latía tan fuerte, que creo hasta me lastimaba.

Levanté la vista para ver tu cara y me desconcertó el verte llorando, al parecer tú también me necesitabas, o eso creí hasta que me negaste la entrada a la casa, nuestra casa que lo fue por 7 años. En ese momento entendí a mi corazón, entendí lo que intentaba decirme, sin embargo me quede ahí parado y te hice esa pregunta: -No estás solo ¿Verdad? Al recibir tu respuesta todo mi cuerpo se paralizo no sé cuánto tiempo, supongo no fue mucho, lo que recuerdo es nuevamente tu cuerpo abrazando el mío y sentí como mi corazón, que unos minutos atrás latía con tanta fuerza, se detenía poco a poco, como el calor de la adrenalina se empezaba a enfriar, dándome vueltas todo, no podía respirar, tenía un hueco en el estómago y de repente todo se apagó, la lluvia, mi cabeza, y aunque sé que es físicamente imposible, lo único que escuche fue como se me iba rompiendo el corazón.

Hubo días que no comía, no dormía, no hablaba,  solo salían lágrimas y no podía dejar de llorar, tú me escribías y llamabas buscando mi perdón y yo eché por la borda muchos de los valores que pregonaba,  todo por no aceptar el hecho de que me estuviera pasando eso a mí, y decidí “perdonarte” en ese momento ya no tenía derecho de réplica, por lo que ya no sé los valores que pregono. Escuchaba a mis padres haciendo su rutina, murmuraban, realmente no me interesaba que era lo que decían y así fueron si mal no recuerdo los primeros diez días. Un sábado por la tarde mi madre totalmente decidida entró y me pidió que la acompañara, yo, por no querer discutir lo hice, no recuerdo ni siquiera que traía puesto. Me subía al coche con mis padres, no sabía el destino al que íbamos y no me interesaba. 

Cuatro horas más tarde estábamos en una playa, mi madre y yo. “Aquí estaremos el tiempo necesario, déjalo ir”, me dijo mi madre al llegar. Yo seguía muerto en vida, mi madre no me molestaba y solo secaba las lágrimas que seguían saliendo una a una, de verdad no sabía que alguien pudiera producir tantas lágrimas. Al tercer día yo viendo al mar, recreando una y otra vez la escena en mi mente, se me acerco una señorita, Paulina, preguntándome si podría sentarse conmigo, yo realmente no interactúo fácilmente con extraños pero realmente en ese momento no me importaba, creo que hasta la ignore. Paulina se sentó a mi lado, y me dijo: -Se siente como si nunca se fuese acabar ¿cierto? De película, yo pensaba que esto solo pasaba en las películas de Woody Allen y sin embargo ahí estaba mi mamá, yo y esa extraña a punto de contarme su historia de cómo se le había roto el corazón.

Fueron días que pasaban sin pena ni gloria, volví a mi rutina y con ella tú, el llamarnos o recibir uno que otro mensaje de tu itinerario diario y tu del mío, me vi en la obligación de dejar mi refugio únicamente porque mi mejor amigo me necesitaba, me necesitaba con él, en ese momento; uno a uno los pilares de mi vida se fueron desmoronando y yo no veía la salida, pero había gente que me necesitaba y por lo mismo me vi en la necesidad de crear nuevamente a un personaje, a un Enrique tranquilo, obligué a mi corazón a latir a su ritmo habitual, a sonreír de vez en cuando para que no notaran mi derrota, incluso sabia como debía reaccionar, robotizado y programado para sólo decir lo permitido o al menos eso creía yo. Seguía mecánicamente mis actividades, y una tarde “despejando mi mente” haciendo lo que más me gusta, que era comprar, descubrí que dejó de serlo. 

En mi cabeza solo pasaban ideas absurdas, si nadie me veía, volvía a llorar, si alguien me observaba actuaba nuevamente mecánicamente, y esta ansiedad e ideas absurdas iban y venían durante todo el día hasta que alguno de tus mensajes o llamadas me tranquilizaba, te convertiste en mi efecto placebo perfecto. Pero al llegar la noche me entregaba nuevamente a mi mente, mi peor enemiga. Los días eran agotadores, vivir con el corazón roto era sumamente agotador. Tuve la peculiar idea de entrar al mundo de los sueños, terminar con el cansancio, con el robot, claro esperando a que mi protector me rescatara, pero no lo hubo y me dio mucho miedo hacerlo solo, además no iba apropiadamente vestido. Pasando más el tiempo y yo jugando a mi doble identidad, la vida se empezaba a volver más sencilla, nuestros encuentros donde te quise a pesar que sabía que te iba a perder, que cada día te perdía un poquito más, y yo seguía en el intento de llenarte el alma. Siempre supe que al final te irías, pero quise hacer lo que nadie había hecho: Creer en ti. 

Decidí congelar todos los recuerdos que teníamos juntos, sin saber que el frio también quemaba. De pronto poco a poco todo la tristeza se empezó a transformar en rutina, la misma rutina de siempre, la misma rutina de hace 4 años en ese entonces, y nuevamente vi como la vida me volvía a faltar, ¿alguien me la robo? ¿Por qué alguien haría algo así? Extrañaba infinitamente a mi otro Enrique, pero sabía que jamás iba a volver, solo estaba esperando verte expresar lo que nunca supiste o mínimo tuvieras la decencia de reparar el corazón que habías deshecho, pero no fue así, me quedo claro que una vez más si quería que salieran bien las cosas debía hacerlas yo mismo. Evitando canciones, olores, sabores, fue como poco a poco empecé a volver en mí. Volví a reír de manera natural, gracias a esos 4 pilares que no me dejaron ni un momento. 

La vida empezó nuevamente, pero conocemos a la vida y como le encanta reírse de nosotros, hizo de las suyas poniéndome en un escenario ya conocido, solo que esta vez era distinto, mejor. Estaba nevado, ese mismo escenario donde había estado contigo, ahora estaba nevado, mi cuerpo nuevamente sintió algo, que se transformó rápidamente en llanto, pero ahora el corazón ya no me dolía, pero sabía que en ese momento te decía adiós. ¡Fue suficiente! Gritaron mi corazón y mi cerebro, por primera vez después de mucho tiempo estaban de acuerdo. Mi corazón está bien. No te odio, jamás lo hice, en gran parte te debo lo que soy a ti, fuiste alguien muy especial en mi vida, y hoy curiosamente escribiendo esto, me di cuenta que eres esa historia que jamás lograré contar sin emitir una sonrisa y demarrar una lagrima.

martes, 5 de mayo de 2015

¡Voy a saltar de la cornisa!

A mí el corazón no se me rompió cuando te fuiste, sino cuando pretendiste volver.  Así, sin más, como si apenas te hubieras ido ayer y en ese tiempo nada hubiera pasado. Nos separamos en agosto, yo ni siquiera me atreví a pronunciar él o yo, sabía la respuesta y mejor decidí ahorrarme ese mal momento, entonces simplemente dije adiós y me fui.

Durante mucho tiempo logré navegar en aguas mansas, ir y venir, sumergirme en aguas profundas y no sentir que me faltaba el aire. Recuerdo mucho la vez que me dijiste que te ibas a casar y que decías que preferías que yo me enterara por ti, que por alguien más, bueno, ni siquiera eso me reventó, con toda la tranquilidad del mundo dije, solo espero que firmes un prenupcial.

Había noches en que me costaba conciliar el sueño y hacía el tonto acostado en la cama. Nuestras diferentes vidas, nuestras diferentes edades fueron el puente que en cierto momento nos unieron, pero también el salvavidas que nos salvaron, una vez que nos separamos fue como que si ambos, uno del otro, hubieran desaparecido por completo, apenas nos habíamos convertido en un recuerdo, en algo que se había vivido y se suele recordar con añoranza, con ganas de que no se hubiera terminado, pero que de alguna forma sabemos que no ha de ocurrir nunca más. Estar con alguien, tomó otro significado, porque uno está en la parte física, uno está para llenarle de besos y de momentos en que dos cuerpos se mezclan y se reciben con ganas, ¿instinto?, ¿furia? O simplemente el placer de sentir que uno puede seguir, al menos en el sexo te pude borrar, pero el resto del día te me venías a la mente, pero yo sonreía o al menos eso trataba, pero al menos, yo no te lloraba y así, una noche de la nada recibí una llamada tuya, querías verme, como en los viejos tiempos, cuando solías mandarme un mensaje que decía, ya estoy en casa, y yo salía, a veces corriendo, otras tantas con calma fumándome un cigarro, no te ibas a casar, te habías dado cuenta que conmigo estabas mejor y que querías estar conmigo, fue justo ahí donde me di cuenta que yo tenía un corazón roto, uno bastante orgulloso par aceptar que lo habían lastimado, porque yo quise ser tu amigo, cuando tú propusiste que fuéramos solo amantes y luego nos confundimos y mezclamos nuestras actividades casuales y nos decíamos buenas noches y nos abrazábamos al amanecer.

Fui feliz porque no te ibas a casar, pero fui un tanto triste reconocer que este corazón roto y hecho mil pedazos, tampoco podía volver, era un tanto tarde, se nos había hecho tarde y no había forma de regresar. Entonces, por fin, llegaron esos tiempos en que las noches no tienen fin y no porque andes de fiesta, sino porque simplemente no puedes ver el sol y tampoco contar las estrellas. Noches de insomnio con la cabeza recargada en la pared, tú pidiendo volver y yo buscando razones para no ceder. Me falta el aire, me tiemblan las piernas y me ataca el vértigo, tú tocando a la puerta, con la seguridad de que voy aceptar, porque siempre había sido así, porque yo nunca he necesitado más. 

Qué fácil hubiera resultado volver, nos faltaba tan poquito para haber sido felices y que nuestra historia tuviera otro final, pero los dos, tú y yo, ambos, tenemos una obsesión por inclinarnos hacia la destrucción, por eso funcionábamos bien, porque nos gustaba simplemente dejarnos ir y estrellarnos contra la pared, ¡siempre se puede más!

Mi vida no se detuvo, no todo el tiempo hubieron lágrimas, ni momentos que traté de olvidar, cierto, me sumergí ya no solo en aguas profundas, sino en aguas obscuras, conocí una parte de mí que no sabía existía, la parte de destruir lo que quedaba, lo que quedaba de mí en ti y de ti en mí, de ahogarte, de que supieras que después de ti hubo más, demasiado, a veces ya solo por el simple placer de acumular y que supieras, que yo también soy capaz de revolcarme y no tener que pensar en ti. No te encontré un reemplazo, te encontré varios, nuevas promesas y otras ilusiones, pero también otras tantas decepciones, volver a la cama, cerrar los ojos y a veces pensarte, imaginarte junto a mí y luego tan sólo decirte nuevamente adiós.

Vivir con un corazón roto, es vivir a tientas, pisar con cuidado, no vaya a ser que con mi tan mala suerte acabe pisando una mina y todo termine por explotar y reventarme en mil pedazos. Para mí tener el corazón roto, no era más que un pretexto para hacer un poquito más grande esa herida que traía arrastrando desde hace un par de años, pararme al borde de la cornisa y convencerme que quizá hoy sí, hoy sí tenga las fuerzas para brincar. No, no todo fue malo, hubo días buenos, tener el corazón roto me permite escribir con más soltura, de forma más honesta y un tanto más trastornada, pero los demonios se exorcizan y yo exorcicé los míos una vez que reconocí que no podía respirar y supe, que igual que como los arboles pierden todas sus hojas, yo debía de alguna forma perder todos tus recuerdos y puse miles de kilómetros de distancia entre tú y yo, me obligué a recomenzar una vez más, en un lejano lugar.


El corazón es como el hígado, dos órganos humanos que tienen la capacidad de curarse solos, pero necesitan tiempo, calma y ponerse en paz, necesitan conectarse con el resto de tu cuerpo y aprender a disfrutar los silencios y las noches con insomnio. Comprender que el tiempo humano es una medida que no siempre responde a las necesidades de nuestro corazón, que también se vale cerrar los ojos a medio día y despertar en medio de la noche y uno sonríe, muchas veces uno sonríe, aunque sea fingida, pero con el tiempo y con el espacio, en algún momento volverás a escuchar como late ese corazón y como se vuelve a llenar de emoción, entonces la sonrisa dejará de ser fingida y sabrás que uno salta de la cornisa no para reventarse, sino tan solo para seguir volando.