miércoles, 20 de mayo de 2015

"Él ni un "lo siento" pudo decir. Le falto valor" by Berny

Hoy es un día especial, un amigo me pidió que les contara la historia de un corazón roto y la verdad es que no sabía por dónde iniciar. Después de todo el dolor y el sufrimiento, hoy estoy bien, estoy feliz y aun así, se me llenan los ojos de lágrimas mientras escribo estas letras. Al parecer hay heridas que por mucho que las escondas, no sanan tan fácilmente o probablemente nunca sanan, no sé. La decepción es el más extraño de los dolores.

Con una taza de café de por medio conocí a Antonio hace un poco más de 3 años. Mi vida dio un giro completo. Yo me encontraba aún en una relación que iniciaba un proceso de autodestrucción y entonces lo vi. No pude evitar sentir algo que inmediatamente me atrajo a él. No sé si fue su físico, su personalidad o el hecho de que yo ya no sentía lo mismo por mi entonces pareja y quería experimentar. Jamás le di entrada a Antonio más allá de un apretón de manos hasta que terminé completamente mi relación anterior y aun así, esperé un tiempo prudente para iniciar algo nuevo.

Antonio era algo diferente, tenía una seguridad que me atraía, su sonrisa, su mirada… era algo muy especial. Poco a poco esa atracción se convirtió en cariño y después en amor. Los primeros 6 meses de relación fueron algo maravilloso. Nunca había experimentado una sensación de felicidad y de plenitud tan grande. Me sentía lleno, satisfecho, amado. Aun cuando el sexo desde el inicio era muy malo, nunca me importó. Lo amaba y con él a mi lado jamás estaría solo y no necesitaba nada más.

Pasado ese tiempo las cosas cambiaron un poco. De manera muy paulatina y sin darme cuenta los problemas ocultos tras la “supuesta” seguridad de Antonio empezaron a surgir. Me fui dando cuenta que la seguridad que proyectaba solo era una pantalla que cubría su verdadera forma de ser, inseguro, infantil, inmaduro, inestable, dependiente y lo peor, egoísta. Para cuando yo me percaté de todas estas cosas, ya era muy tarde. Estaba tan enamorado que en lugar de salir corriendo mi instinto fue amarlo más.

Logré lo impensable, me enamoré perdidamente de sus defectos. Simplemente no me importaban. Para mí sus defectos lo hacían más hermoso. Estaba completamente cegado por el amor tan grande que le tenía.

Por primera vez en mi vida, me entregué por completo, no podía darle más porque ya hasta mi alma le pertenecía. Le profesaba un amor tan grande que nunca imaginé que pudiera yo sentir algo así por otro ser humano. Nada le negué, en lo sentimental y en lo material también. Yo ganaba mucho más que él, por lo que no me molestaba cubrir los gastos cuando salíamos o llevarlo de viaje. Para mí era una manera más de demostrarle mi cariño.

Para ese entonces ya llevábamos 2 años juntos, y en ese momento donde más amor le profesaba un día sin explicación alguna llegó un “ya no siento lo mismo, debemos separarnos”.

No puedo explicar el dolor tan inmenso que sentí. No hubo explicación más que esa. No hubo excusas ni otros pretextos. Fue frío y tajante. Yo quedé destrozado, no sabía qué hacer. Mi dolor y mi estrés fue tal, que dañé mi salud, al grado que me provoqué alopecia areata en la barba. Así es, hasta la barba se me cayó.

Durante ese mes de separación, fui irreconocible. De ser un hombre fuerte que siempre sabe lo que quiere y que jamás se doblega, me transformé en una persona triste que lo único que hacía era buscarlo, tratando por todos los medios que se volviera a enamorar de mí mendigando su cariño. El único consuelo que tuve fue el cálido abrazo de mi madre.

Después de mucho rogar y rogar, finalmente una tarde lluviosa en Coyoacán decidió regresar conmigo y me dijo que también me amaba. Si existía la felicidad y el paraíso yo lo había sentido en ese momento.

Durante ese año que siguió, la relación se volvió unilateral. Dejamos de ser 2 y nos convertimos en uno. Solo yo. Yo daba, yo buscaba, yo hacía, yo amaba. Yo, lo permití por hacerlo feliz. Él solo veía que tanto podía estirar la relación, que tanto podía sacar y que tanto podía obtener.

Tuvimos intimidad durante ese año solo en 2 ocasiones y aunque motivos y ganas de estar con alguien jamás me faltaron, siempre lo puse por delante, él siempre estaba en mi mente.

Llegó un punto en que mi ceguera por amor fue tan grande que compré un anillo de compromiso. Iba a dar el siguiente paso. Quería estar con él toda la vida. Ya habíamos platicado del tema y se suponía que los 2 estábamos en la misma frecuencia pero la realidad es que no era así.

Lo llevé de viaje a Cancún en enero de este año y allí, con el mar como testigo a la luz de las estrellas se lo pedí y me dijo que sí. Había tocado nuevamente el paraíso. O eso creía yo porque secretamente él estaba ya saliendo con alguien más. Aun no entiendo cómo pudo aceptar si ya salía con otro.

Al regresar al DF un mes después del compromiso resonaron las mismas palabras “ya no siento lo mismo, debemos separarnos”. Esta vez fue con más calma de mi parte, pensé que era miedo al compromiso, algo normal que a muchos les pasa, así que nuevamente accedí.

A los 3 días mis amigos me invitan a cenar y me muestran fotos de Antonio en su FB (me había bloqueado desde la primera separación porque según él las redes sociales dañan la relación, ahora veo que me bloqueó para que yo no viera su traición) con otro tipo. Mi ira fue enorme cuando ví las imágenes y los comentarios. El “nuevo amor” usando cosas que Antonio y yo como pareja habíamos comprado. Obvio ya hasta sexo habían tenido. Las imágenes y los comentarios lo delataban. Antonio usando las mismas frases trilladas que usaba conmigo diciéndoselas a alguien más. Y las fechas de las fotos eran de meses atrás.

Jamás pensó ni un minuto en mí, su egoísmo, el peor de sus defectos salió a flote. Solo pensó en él y no le importo publicar su traición en FB cuando mis amigos y mi familia lo seguían. Me humilló, me usó, me engañó, me mintió y fingió sentimientos falsos dándome ilusiones verdaderas.

Todo mi amor, de la noche a la mañana se convirtió en ira y coraje sin control, hasta que un día me arme de valor y en su cara, en su casa y en su cuarto fui y me desahogué. Jamás le había dicho a alguien tantas verdades y tan fuertes en un solo momento. Al salir, me sentí liberado como si me hubieran quitado un peso de encima. Él ni un “lo siento” pudo decir. Le falto valor. Allí entendí que él nunca fue lo mejor para mí. Vaya resulté ser demasiado hueso para tan poco perro.

Al final del día y a pesar de todo no perdí, al contrario, la vida me quitó a un ser horrible de mi camino, en cambio, él lo perdió todo y lo sabe. Nadie lo va a amar tan profundo, tan puro y tan intenso como yo. Y tan lo sabe que me ha buscado en repetidas ocasiones. Yo simplemente ya no estoy allí para él. Cuando la gente se conforma con carbones no pueden tener diamantes.

Al final seguí el consejo de un buen amigo, perdoné lo que me hizo a él no, para eso está el karma. Di gracias porque aprendí cuanto y que tan grande puedo llegar a amar y sigo mi camino con la frente en alto e indetenible.

Hace unos días con una taza de café de por medio, conocí a alguien especial que sin darse cuenta ha ido pegando los pedacitos de mi corazón con su sonrisa. Es un chaparrito muy lindo y que ha hecho nuevamente latir mi corazón. Por eso nunca niego una taza de café, nunca sabes a que caminos te va llevar. Ahora es momento de construir una nueva historia.

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